Te propongo un juego: la próxima vez que estés sentado con un grupo de
amigos o en una cita, cuenta el tiempo que pasa antes de que alguien tome su
teléfono para revisarlo. ¿Cuánto tardas tú?
Sin importar quién seas, es casi imposible lograr que alguien se separe de
sus juguetes móviles (más duro aún: ¿tus amigos o tu pareja parecen más
interesados en sus teléfonos que en ti?).
El problema de mirar nuestros dispositivos sin cesar es tanto social como
fisiológico. La cabeza del ser humano promedio pesa entre 4,5 y 5,5 kilos y,
cuando la inclinamos para revisar Facebook, la fuerza gravitacional y la carga
en el cuello aumentan hasta una presión de casi 27 kilos. Si esa posición es continua,
ocasiona una pérdida progresiva de la curva cervical de la columna vertebral.
El síndrome del “cuello de texto” se está convirtiendo en un problema
médico que un sinnúmero de personas está padeciendo, pero la forma en la que
dejamos colgar la cabeza también representa otros riesgos para la salud, según
un artículo publicado
el año pasado en la revista The Spine Journal.
Está demostrado que la postura influye en el estado de ánimo, la conducta y
la memoria, y que
encorvarse con frecuencia puede hacer que nos sintamos deprimidos, según
el Centro Nacional para la Información Biotecnológica.
Nuestra postura influye
tanto en la cantidad de energía de
la que disponemos como en el desarrollo óseo y muscular, e incluso en la
cantidad de oxígeno que reciben nuestros pulmones. Nuestro lenguaje corporal
está relacionado con la percepción de debilidad y poder: todo eso es real.
Y la solución puede ser ridículamente sencilla: siéntate derecho.
Los psicólogos sociales como Amy Cuddy aseguran que incluso estar
de pie con una postura que refleja seguridad, con la cabeza levantada y los
hombros echados hacia atrás, puede elevar el flujo de testosterona y cortisol
al cerebro y evitar así gran parte de los problemas mencionados. De modo que,
¿por qué no prestamos atención a estas señales? Podría ser simple negación.
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