lunes, 25 de marzo de 2019

Reconozcámoslo: somos adictos a nuestros teléfonos y eso nos trae problemas físicos y relacionales

Te propongo un juego: la próxima vez que estés sentado con un grupo de amigos o en una cita, cuenta el tiempo que pasa antes de que alguien tome su teléfono para revisarlo. ¿Cuánto tardas tú?
Sin importar quién seas, es casi imposible lograr que alguien se separe de sus juguetes móviles (más duro aún: ¿tus amigos o tu pareja parecen más interesados en sus teléfonos que en ti?).
El problema de mirar nuestros dispositivos sin cesar es tanto social como fisiológico. La cabeza del ser humano promedio pesa entre 4,5 y 5,5 kilos y, cuando la inclinamos para revisar Facebook, la fuerza gravitacional y la carga en el cuello aumentan hasta una presión de casi 27 kilos. Si esa posición es continua, ocasiona una pérdida progresiva de la curva cervical de la columna vertebral.
El síndrome del “cuello de texto” se está convirtiendo en un problema médico que un sinnúmero de personas está padeciendo, pero la forma en la que dejamos colgar la cabeza también representa otros riesgos para la salud, según un artículo publicado el año pasado en la revista The Spine Journal.
Está demostrado que la postura influye en el estado de ánimo, la conducta y la memoria, y que encorvarse con frecuencia puede hacer que nos sintamos deprimidos, según el Centro Nacional para la Información Biotecnológica. Nuestra postura influye tanto en la cantidad de energía de la que disponemos como en el desarrollo óseo y muscular, e incluso en la cantidad de oxígeno que reciben nuestros pulmones. Nuestro lenguaje corporal está relacionado con la percepción de debilidad y poder: todo eso es real.
Y la solución puede ser ridículamente sencilla: siéntate derecho.
Los psicólogos sociales como Amy Cuddy aseguran que incluso estar de pie con una postura que refleja seguridad, con la cabeza levantada y los hombros echados hacia atrás, puede elevar el flujo de testosterona y cortisol al cerebro y evitar así gran parte de los problemas mencionados. De modo que, ¿por qué no prestamos atención a estas señales? Podría ser simple negación.

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